1. El tratamiento del agua
La mayoría de piscinas cubiertas usan cloro. Las hay que trabajan con agua salina: el cloro se genera por electrólisis de la sal, con mucha menos concentración de cloro combinado, que es el que irrita ojos, piel y vías respiratorias y el que deja ese olor característico en el ambiente.
Si nadas seguido, tienes rinitis, asma leve o piel atópica, o simplemente te molesta el olor, este detalle cambia la experiencia por completo.