Confianza y autonomía
Un niño que ha estado en el agua desde bebé suele afrontar la piscina sin miedo. Eso se traduce después en aprender a nadar antes y en menos angustia en la playa o en el río.
A partir de los 6 meses el bebé ya sostiene la cabeza con firmeza y ha perdido el reflejo de apnea que traía del útero, así que puede empezar a trabajar la respiración de forma consciente. Es el momento habitual para empezar.
En clase no se enseña «a nadar»: se construye la relación con el agua. Eso incluye:
Todo se hace con canciones, material de flotación y repetición. La sesión es corta porque la atención de un bebé también lo es.
Mucho de lo que se gana en estas clases no se ve en el agua.
Un niño que ha estado en el agua desde bebé suele afrontar la piscina sin miedo. Eso se traduce después en aprender a nadar antes y en menos angustia en la playa o en el río.
La clase es un rato de contacto exclusivo, sin pantallas y sin prisa. Muchos padres lo describen como la mejor media hora de la semana.
El agua permite moverse en tres dimensiones con muy poco peso: tonifica, mejora el equilibrio y ayuda a dormir mejor, también a los bebés.
La piel de un bebé es más fina y su sistema respiratorio, más sensible. En una piscina con cloro tradicional, el cloro combinado del ambiente puede provocar tos, picor de ojos y sequedad en la piel tras la clase.
En un vaso de agua salina la desinfección se produce por electrólisis de la sal: hay menos cloraminas en el aire y en el agua. Para una sesión semanal de un bebé, la diferencia se nota sobre todo en los ojos y en el olor de la piel después de la ducha.
El material es mínimo. Lo importante es llegar con tiempo para cambiarse sin agobios.
Las plazas se reservan por teléfono en el 620 21 66 46 o por WhatsApp. Cada trimestre se abre inscripción y los grupos se cierran por orden de solicitud.
Desde los 6 meses. Antes de esa edad no se recomienda por la inmadurez del sistema termorregulador y del cuello, salvo indicación pediátrica.
No. La mayoría de bebés que empiezan no ha estado nunca en una piscina. La primera clase se dedica a familiarizarse con el entorno y con el monitor.
Es habitual en las primeras sesiones. El monitor reduce el estímulo, se acerca al borde y espera. No se fuerza la inmersión ni se insiste si el bebé está incómodo.
Sí, puede ser el padre, la madre, un abuelo o una cuidadora. Basta con que entre al agua y acompañe al bebé durante la sesión.
Lo habitual es una sesión semanal de duración corta, adaptada a la edad del bebé. La frecuencia y el horario se concretan al reservar plaza.
Piscina climatizada de agua salina, calles de 20 metros y clases para todas las edades, en pleno centro de Granada.